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11 de Mayo de 2008
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COMENTARIOS - NUNCA AL MARGEN… - 19/06/2007

Ni a favor ni en contra, sino sobre el TLC, para iluminar el diálogo nacional

¿Iglesia automarginada? Llama la atención, entre otras cosas, la aseveración infundada de que la Conferencia Episcopal, de manera pública, anunció que la Iglesia se mantendrá al margen de las discusiones del Tratado de Libre Comercio si, antes bien, los Obispos han reiterado de forma enfática no estar ni en contra ni a favor ni al margen del TLC, sino sobre el TLC, para iluminar el diálogo con criterios que faciliten un análisis objetivo y desapasionado, superando lo puramente ideológico y los intereses personales y grupales y pensando, más bien, en aquello que favorezca el bien común y la paz social de Costa Rica.

Glenn Gómez

Nunca al margen…
Ni a favor ni en contra, sino sobre el TLC, para iluminar el diálogo nacional

Glenn Gómez
presbítero

Don Rafael Carrillo Lara, presidente de la Unión Costarricense de Cámaras y Asociaciones de la Empresa Privada, UCCAEP, envió a monseñor José Francisco Ulloa, en su calidad de presidente de la Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR), una misiva en la que solicita que la Iglesia “como institución social y bajo los mandatos de los órganos eclesiásticos”, se mantenga al margen de las discusiones del Tratado de Libre Comercio.

Este no es un hecho aislado pues, justamente en esos mismos días, algunos rectores universitarios denunciaron la recepción de cartas afines, calificadas por ellos como intromisión en la vida de las instituciones que representan.

¿Iglesia automarginada? Llama la atención, entre otras cosas, la aseveración infundada de que la Conferencia Episcopal, de manera pública, anunció que la Iglesia se mantendrá al margen de las discusiones del Tratado de Libre Comercio si, antes bien, los Obispos han reiterado de forma enfática no estar ni en contra ni a favor ni al margen del TLC, sino sobre el TLC, para iluminar el diálogo con criterios que faciliten un análisis objetivo y desapasionado, superando lo puramente ideológico y los intereses personales y grupales y pensando, más bien, en aquello que favorezca el bien común y la paz social de Costa Rica.

Aún más, de frente al referéndum, como ha sido costumbre y muy a pesar de la miopía liberal que impera en nuestros días, la Iglesia en Costa Rica se ofreció a colaborar, en la medida de sus posibilidades, para propiciar espacios de diálogo e información sobre el fondo de la consulta.

La solicitud de los señores obispos al clero secular y religioso, a la que, probablemente se refiere el señor Carrillo, nos pide el respeto a los espacios litúrgicos para asumir, responsablemente, una línea dialógica y constructiva, nunca para inhibir al clero en su rol de formador de conciencias.

Derecho a vida plena. Pero aún más preocupante es la interpretación que don Rafael hace del mensaje del Santo Padre en la sesión inaugural de la V Conferencia del Episcopado en Aparecida, en donde, según él, “durante su reciente visita a Brasil el papa Benedicto XVI pidió a la jerarquía católica latinoamericana alejarse de la política y las ideologías que influenciaron a la Iglesia en la región”.

No sé qué discurso escuchó el señor Carrillo, pues el que el Papa pronunció, y yo estuve allí para escucharlo, si bien señala que el trabajo político no es competencia inmediata de la Iglesia, enfatiza que la vocación fundamental e irrenunciable de ella es formar las conciencias, ser abogada de la justicia y de la verdad, además de educar en las virtudes individuales y políticas.

Fue justo en este mensaje donde el Papa afirma que los pueblos latinoamericanos tienen derecho a una vida plena, propia de los hijos de Dios, con unas condiciones más humanas: libres de las amenazas del hambre y de toda forma de violencia. Al respecto, dice el Papa: “¿cómo puede contribuir la Iglesia a la solución de los urgentes problemas sociales y políticos, y responder al gran desafío de la pobreza y de la miseria?”. A mi humilde entender, el Santo Padre pide contribuir, pero nunca evadir.

Evangelizar las estructuras. En su mensaje, nuevamente, Benedicto XVI ha destacado que las estructuras justas son una condición sin la que no es posible un orden en la sociedad.

Aún más, insiste el Papa: “las estructuras justas son una condición indispensable para una sociedad justa, pero no nacen ni funcionan sin un consenso moral de la sociedad sobre los valores fundamentales y sobre la necesidad de vivir estos valores con las necesarias renuncias, incluso contra el interés personal”.

Comparto con don Rafael el hecho de que la Iglesia no puede transformarse directamente en sujeto político pues perdería su autoridad moral, identificándose con una única vía y con posiciones parciales discutibles. Pero, y cito nuevamente al Santo Padre: “la Iglesia es abogada de la justicia y de los pobres, precisamente al no identificarse con los políticos ni con los intereses de partido. Solo siendo independiente puede enseñar los grandes criterios y los valores inderogables, orientar las conciencias y ofrecer una opción de vida que va más allá del ámbito político”, y agregaría yo, empresarial.

En todo caso, el concepto de Iglesia del señor Carrillo es visiblemente reductivo, pues Iglesia somos los bautizados y, en este particular, los laicos católicos en el ámbito en que se encuentren, deben ser conscientes de su responsabilidad en la vida pública, haciendo presencia de Iglesia en la formación de los consensos necesarios y en la oposición contra las injusticias.

Curiosamente, en el seno de esa misma V Conferencia, los obispos participantes, asumiendo su responsabilidad como pastores de pueblos “tan sufridos por las injustas relaciones entre países pobres y países ricos”, apelan a los jefes de Estado y de Gobierno del G-8 reunidos en Heiligendamm, Alemania para que guíen la economía mundial a un desarrollo humano, ecológico y sostenible, basado en la justicia, la solidaridad y el bien común global. ¿Será que los obispos no acataron la supuesta directriz que, dice el señor Carrillo, impuso el Santo Padre?

Finalmente y, como eco al discurso del Pontífice, los obispos nos legan el siguiente mensaje: “Las agudas diferencias entre ricos y pobres nos invitan a trabajar con mayor empeño en ser discípulos que saben compartir la mesa de la vida, mesa de todos los hijos e hijas del Padre, mesa abierta, incluyente, en la que no falte nadie. Por eso reafirmamos nuestra opción preferencial y evangélica por los pobres. Queremos contribuir para garantizar condiciones de vida digna: salud, alimentación, educación, vivienda y trabajo para todos… Entonces, señor Carrillo, la Iglesia no puede ni debe, moralmente hablando, estar al margen de la situación en cosas tan serias.
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Fuente de la información: La Nación
 
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