Comedia de Alterra debe terminar
Las obras del aeropuerto siguen paralizadas y el país no puede seguir esperando
Exministro de transportes, y cuatro firmas más
En la prensa se califica de “vergüenza nacional postergar una vez más la decisión de qué hacer”. Ni se mete en cintura a Alterra, que ya lleva cuatro años de atraso, mientras los demás países nos dejan atrás, ni el contratista tiene capacidad de cumplir.
La verdad es que Alterra “salió güera”. La ilusión de que una empresa sería más eficiente para hacer las obras se esfumó. El Estado hizo su parte, entre 1996 y el 2000: Plan Maestro, el diseño de la nueva terminal, licitó su construcción y la del edificio de control de tráfico aéreo y su radar digital. Todo fue terminado en el 2000 por empresas nacionales antes de que Alterra siquiera soñara con venir al país.
Incumplimientos. Alterra ha incurrido en graves incumplimientos. Intentó cargar costos no autorizados al proyecto y gastó imprudentemente los $90 millones de préstamos bancarios y $35 millones de capital en sobreprecios y en comisiones; pagó a sus propios socios $83 millones por obras que solo valían $37 millones y duplicó los gastos de mantenimiento.
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Además, ¿qué ha hecho con $150 millones recibidos entre el 2002 y el 2007 de ingresos del aeropuerto? Alterra nunca ha respondido a esta pregunta. Las obras de la primera etapa solo costaban $80 millones y Alterra no las ha concluido. Suspendió cinco veces los trabajos ilegalmente –suma unos 1.500 días de parálisis–, causando un enorme perjuicio al país.
En noviembre del 2005, la Contraloría instruyó a Aviación Civil para que “ordene a Alterra proceder en el plazo de 30 días a reiniciar las obras”, lo cual solo fue acatado a medias y con “tortuguismo”. Siguen pendientes la segunda terminal de pasajeros, salas y puentes de abordaje, la calle de rodaje, etc. También ha habido omisiones del Gobierno al no cobrar multas por atraso, no nombrar un fiscalizador general, no exigir a Alterra asignar personal clave con experiencia aeroportuaria, no haber adquirido los terrenos para la calle de rodaje, etc.
Alterra ha tratado de ignorar el contrato, producto de una licitación, y ha pretendido cambiarlo a su gusto. Gestionó unaddendum tras otro para aumentar ilegalmente sus ingresos. Pretendió extender cinco años más el contrato, hasta el 2026, lo que le habría dado ingresos extras por $300 millones. Acabó los fondos disponibles y trató de que el Gobierno le sacara las castañas del fuego, a pesar de que el contrato dice claramente que Alterra es la responsable de financiar el proyecto.
Pésimo ejemplo. Sería un pésimo precedente premiar al contratista incumplido y rebelde. Sufriría mengua el Estado de derecho y el país proyectaría una imagen de que los contratos se pueden modificar mediante presión política. Sería un ejemplo funesto para quienes confían en que Costa Rica es un país donde se hacen cumplir las leyes y los contratos.
La comedia de Alterra debe terminar y no puede tolerarse que el proceso de rescisión del contrato, iniciado en diciembre del 2006, se prolongue por más tiempo.
El Gobierno dio entonces a Alterra y a los bancos 60 días para resolver sus problemas. ¿No lo lograron en 14 meses? ¡Salados!
Las obras continúan paralizadas y Alterra busca ahora vender el contrato. El país no puede seguir esperando.
¡El Gobierno debe asumir su responsabilidad!
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